miércoles, 5 de diciembre de 2012

La Voyager 1 cruza la heliosfera



La sonda Voyager 1, lanzada al espacio en 1977, hace 35 años, acaba de entrar en una nueva y desconocida región de los confines del Sistema Solar. Según los científicos se trata de una especie de "autopista magnética" a lo largo de la cual las partículas procedentes del Sol abandonan para siempre los dominios del astro rey para adentrarse definitivamente en el espacio interestelar.



El nombre de "autopista magnética" responde al hecho de que allí, a 18.500 millones de km. de la Tierra, las líneas del campo magnético del Sol se conectan con las que proceden de otras estrellas. Y es precisamente esa "conexión" la que permite a las partículas solares de la heliosfera (la "burbuja" de partículas cargadas que emite el Sol en todas direcciones y que envuelve todo el Sistema Solar) abandonar definitivamente nuestro sistema planetario.

De hecho, justo antes de entrar en esta región extrema, las partículas rebotan en todas direcciones siguiendo las líneas del campo magnético del propio Sol. Unas líneas "internas" que no les permiten abandonar la heliosfera. La nueva región es, pues, el último "obstáculo fronterizo" antes de salir definitivamente de los dominios de nuestra estrella particular.

Estos resultados acaban de ser anunciados en el transcurso de la reunión de la Unión Geofísica Americana (AGU) que se celebra estos días en San Francisco. "Si sólo nos fijáramos en los datos de las partículas -afirma Stamatios Krimigis, investigador principal del instrumento LECP (Low-Energy Charged Particle) podríamos pensar que estamos ya fuera de la heliosfera. De hecho, nuestro instrumento ha visto cómo estas partículas de baja energía toman esta rampa de salida hacia el espacio interestelar".

Sin embargo, continúa el científico, "necesitamos entender lo que los instrumentos nos están diciendo y solo el tiempo podrá confirmar si nuestras interpretaciones sobre esta frontera son correctas. Una cosa sí que es segura: ninguno de nuestros modelos teóricos predice ninguna de las observaciones realizadas por la Voyager durante los últimos diez años, por lo que no tenemos ninguna guía que nos diga lo que podemos esperar".

Desde diciembre de 2004, cuando la Voyager 1 entró en la heliopausa (donde el viento solar se detiene y se une con el que procede de otras estrellas), la nave ha estado viajando, y explorando, a través de territorios completamente desconocidos. Durante los primeros cinco años a partir de ese momento, los datos de la Voyager 1 fueron los esperados, pero entonces la nave detectó que la velocidad del viento solar se había reducido a cero y que al mismo tiempo aumentaba la intensidad del campo magnético. "Fue una auténtica sorpresa -asegura Rob Decker, coinvestigador del instrumento LECP- porque la mayoría de los modelos predicen una velocidad de por lo menos 25 km. por segundo".
Más rayos cósmicos

El pasado 14 de mayo, el mismo instrumento detectó un súbito incremento (del 5%) de los rayos cósmicos de alta energía procedentes de la galaxia. Un incremento que volvió a detectarse el 28 de julio. Solo que esta segunda vez estuvo acompañado por una drástica reducción de las partículas de baja energía (las que vienen de dentro del Sistema Solar).

El fenómeno duró solo cuatro días, pero el pasado 25 de agosto los instrumentos detectaron un aumento todavía mayor en la cantidad de rayos cósmicos. Comparado con los datos de marzo, ese aumento era de cerca del 30%. Y vino acompañado por un descenso de más de mil veces en el número de partículas solares. Fue entonces cuando los investigadores se dieron cuenta de que la Voyager 1 había entrado en una nueva región, aunque quizá aún no del todo fuera de la heliosfera.

"Creemos que es el último tramo de nuestro viaje hacia el espacio interestelar ", asegura Edward Stone, científico de la Voyager en el Instituto de Tecnología de California. El investigador cree que la nave tardará entre unos pocos meses y dos años en salir de esa nueva región aunque, advierte "con el Voyager, debemos esperar lo inesperado".

Las dos misiones Voyager (la 1 y la 2) fueron lanzadas con una diferencia de días en 1977 y, entre las dos, han visitado Júpiter, Saturno, Urano y Neptuno. La Voyager 1 es el objeto más distante fabricado por el hombre, y se encuentra a unos 18.500 millones de km. de la Tierra. La Voyager 2 está algo más cerca, a unos 15.000 millones de km. de distancia.


Decubiertas estrellas que podrían estar rodeadas de planetas más habitables que la Tierra



Hasta ahora, los científicos habían creído que la Tierra es el único planeta capaz de albergar vida. Pero investigadores de la Ohio State University han llegado a la conclusión de que en alrededor de los soles gemelos al nuestro podría haber más planetas con mayores posibilidades de albergar vida incluso que el nuestro.

Para ello, geólogos y astrónomos de la Universidad han desarrollado una nueva forma de buscar vida más allá de nuestro sistema solar mediante la búsqueda de elementos radiactivos como el uranio y el torio; muchos de estos elementos hacen que el interior de estos planetas sean cálidos. Esto, a su vez, impulsa las placas tectónicas.

En la Tierra, estas placas tectónicas ayudan a mantener el agua en la superficie, de modo que la existencia de las mismas se toma como un indicador de la capacidad de un planeta de albergar vida.

Así de los ocho soles gemelos al nuestro que los investigadores han estudiado, siete de ellos parecen contener mucho más torio que nuestro sol, lo que sugiere que los planetas que orbitan las estrellas probablemente contengan también más torio. Y esto significa que su interior podría ser probablemente más cálido que el nuestro.

Los investigadores señalan que "si estos planetas son más cálidos de lo que habíamos pensado en un primer momento, podríamos ampliar la zona habitable alrededor de una estrella, y considerar muchos de esos planetas capaces de albergar vida microbiana", ha señalado Cayman Unterborn durante la presentación de los resultados en la reunión de la Unión Geofísica Americana, que estos días se está llevando a cabo en San Francisco.

Descubierto el sistema solar más joven






Sólo tiene 300.000 años de antigüedad, una edad que lo convierte en el sistema planetario más joven de los que se han observado y medido hasta ahora. Un equipo de científicos del observatorio estadounidense National Radio ha localizado un sistema solar recién nacido y por tanto, en plena formación, en la constelación de Taurus.

Este sistema planetario, cuyas características se publican esta semana en la revista 'Nature', está situado a una distancia de la Tierra de 450 años-luz.

El corazón de este sistema es una estrella de tipo solar en proceso de formación (protoestrella), bautizada como L1527 IRS y rodeada por un disco de polvo y gas. En la actualidad la protoestrella tiene una masa equivalente a una quinta parte de la de nuestro Sol, aunque los autores de este estudio señalan que está en pleno crecimiento y que probablemente acabará teniendo una masa parecida a la de nuestra estrella al atraer materia de su entorno.

En comparación con la edad de nuestro Sistema Solar, que los astrónomos establecen en 4.600 millones de años, el nuevo sistema es casi un recién nacido, pues calculan que no tiene más de 300.000 años: "Podría ser incluso más joven, dependiendo de la rapidez con la que se haya acumulado la masa en el pasado", señala John Tobin, investigador del Observatorio National Radio en EEUU. Y es que el científico destaca la dificultad de establecer la antigüedad de estos sistemas. Según comenta "hay protoestrellas en formación más jóvenes que L1527" que han sido observadas pero no han conseguido medir su masa. "Basándonos en la cantidad de material que hay en la nube que la rodea en comparación con la masa de la protoestrella, L1527 es la más joven de las que hemos logrado medir", añade.

Hasta ahora, el sistema más joven era el denominado L1551, con una edad comprendida entre los 500.000 y el millón de años.




Tan jóvenes son la protoestrella y el disco protoplanetario presentados en 'Nature' que, según señala Tobin, "todavía no ha pasado el tiempo suficiente para que se formen los planetas".

"La idea general que tenemos sobre la formación de planetas es que comienza con partículas minúsculas, microscópicas, que están en el disco que orbita la protoestrella. Estas partículas minúsculas chocan unas con otras, uniéndose. El proceso continúa hasta que el objeto va creciendo y finalmente alcanza el tamaño de un planeta. Este proceso tarda mucho tiempo en completarse, millones de años. De modo que parece que L1527 no lleva ahí el tiempo suficiente como para que este proceso haya tenido lugar", asegura el investigador.

Por lo que respecta al número de planetas que podría tener, el investigador afirma que cualquier cálculo "es pura especulación", pues el sistema es muy joven, aunque potencialmente podría tener varios planetas. El disco continuamente aumenta su masa a partir de la que hay a su alrededor, por lo que podría agrandarse con el paso de los años, de la misma forma que aumentará la masa de la protoestrella.

"Las observaciones previas de este sistema solar con infrarrojos habían mostrado que debía haber un gran disco. Esa fue nuestra motivación para observar la protoestrella con la máxima resolución disponible en un radiotelescopio", afirma. El disco de polvo que hay alrededor de la estrella emite ondas de radio de una manera muy intensa, lo que les facilitó poder calcular la masa de la protoestrella. Los científicos pudieron detectar tanto el polvo como el monóxido de carbono que rodean a la protoestrella.
Semejanzas con nuestro sistema solar

"En muchos aspectos, este sistema se parece mucho a cómo pensamos que debió ser nuestro sistema solar cuando era muy joven", explica Tobin.

"[En nuestro sistema solar] la formación de planetas probablemente empezó muy poco tiempo después de que comenzara a formarse el Sol. Probablemente ya se habían formado por completo 10 millones de años después del nacimiento del Sol, aunque la configuración final de los planetas tardó en completarse alrededor de 600 millones de años", explica el científico.

Los astrónomos seguirán investigando las características del joven sistema solar L1527 IRS utilizando el telescopio ALMA, en Chile.