¿Quién no se ha preguntado alguna
vez por qué las antiguas civilizaciones pensaban que la tierra era plana?, más
bien, lo que correspondería era preguntarse ¿y por qué se la iban a imaginar
redonda?
A primera vista, y salvando las irregularidades
del terreno como los valles y las montañas, el cielo siempre está encima
nuestro y el suelo debajo. Bajo estas consideraciones no sería para nada lógico
el plantearse que la tierra fuera
redonda. Es por ello que las primeras civilizaciones pensaron que esto era así.
De hecho, para algunas como la china lo fue así hasta el s.XVI.
Los hindúes pensaban que la
tierra era una porción de tierra rodeada de mar con un fin definido. Pero eran
muchas las complicaciones que empezaron a surgir desde el momento que esto fuera así.
Todos los objetos caían hacia el suelo, pero la tierra aparentemente no
caía hacía abajo “porque si no se notaría”. Por lo que tuvieron que idear una
solución y supusieron que las esquinas de la tierra estaban sujetas por unos
pilares. A priori asunto zanjado, pero claro, el conjunto de tierra y pilares…
¿Quién lo sostiene? Pues nada más y nada menos que cuatro apuestos elefantes
sagrados que se aguantaban en una tortuga gigante que surcaba los cielos… Asunto
cerrado, por fin quedaba claro cómo era la tierra y por qué.

En los inicios de la civilización
griega las ideas sobre que la tierra era plana y con un límite definido fueron
la base para las preguntas e inquietudes de filósofos, astrónomos, y
pensadores. Los griegos empezaron a buscar un modelo que se adecuara más a la
realidad. En un principio se pensó que la tierra era más alargada hacia el este
y oeste que hacia el norte y el sur, en parte debido a que las civilizaciones
se disponían a lo largo del Mediterráneo y no de norte a sur. Posteriormente,
se comenzó a suponer que la tierra era un disco plano, cuyo centro, obviamente,
estaba ocupado por Grecia. La tierra firme estaría rodeada por agua y entraría hacia
el interior de la tierra en forma del mar Mediterráneo. Es, hacia el año 500 a.
C., cuando Hecateo de Mileto realizó una estimación de lo que debía medir este
disco. Lo estimó en 8.000 km de diámetro,
lo que suponía una superficie aproximada de 50.000.000 km2 (una
decima parte de lo que en realidad es).
Otro de los dilemas que se
planteaban era cómo el mar no se desparramaba por los bordes finitos de esta
Tierra plana. Para ello, supusieron, que, como en la realidad aparentemente
parece, el cielo se curvaba hasta llegar al límite y se juntaba con el mar,
evitando así que el agua desapareciera. Se creaba de esta forma un modelo en
donde en una base circular se encontraba la tierra y el agua, y una cúpula a
forma de tapa donde se encontraban las estrellas que iba cayendo hasta
encontrarse con el cielo.

Pero los problemas seguían surgiendo.
Se observaba que cuando te movías hacia el sur y hacia el norte, aparecían y
estrellas por un lado y desaparecían por el otro. Esto llevo a Anaximandro de Mileto poco más tarde del año
500 a. C. a intuir que existía cierta curvatura norte-sur en la tierra y supuso
una tierra cilíndrica, en que el lado curvo se extendía de norte a sur y sin
curvatura de este a oeste. Está claro que debido al movimiento relativo de las
estrellas en el eje este-oeste, la curvatura en este no se podía apreciar
mediante este tipo de observación.
Pero esta curvatura no bastaba para
explicar otros fenómenos. Cuando los barcos salían del puerto no desaparecían en
el horizonte cuando eran prácticamente un punto en el horizonte, sino que lo
hacían mucho antes, desapareciendo la proa antes que las velas. Esto ocurría cualquiera que fuera la dirección en la que
se alejaba el barco. Además, los eclipses de luna siempre proyectaban una
sombra circular de la tierra en la luna, por lo que había que empezar a suponer
que la tierra era una esfera, único cuerpo cuya proyección siempre es una
esfera cualquiera que sea su cara proyectada. La primera persona que lo sugirió
fue el filósofo griego Filolao de Tarento en el año 450 a. C. aproximadamente.

Suponer que la tierra era una
esfera eliminaba muchas incertidumbres acerca de la tierra. Una de los
conceptos que más inquietaba a los griegos era el infinito… ¿realmente la
tierra era infinita?, ¿hasta dónde abarcaban sus límites? y ¿por qué?... Bajo
la hipótesis de que la tierra era una esfera, su superficie era finita, eso sí,
ilimitada, pues podías caminar eternamente en una misma dirección sin llegar al
final de la tierra. Otro de los conceptos que quedaba aclarado era el concepto
de que todo caía para abajo, entendiendo entonces “abajo” el centro de la
esfera. Esto podía, a su vez aclarar porque la tierra era esférica, ya que toda
la tierra había caído hasta el punto más abajo posible formando una esfera.
Estas consideraciones o
consecuencias las explicó el filósofo griego Aristóteles de Estagira hacia el
año 350 a.C. Y a partir de esa época, se aceptó en el entorno científico que
sin lugar a dudas esto era así y cualquier persona culta no dudaba que la
tierra era una esfera. Fue una idea tan satisfactoria y eliminaba todas las
paradojas que fue aceptada a expensas de pruebas físicas.
Para ver la primera prueba física de ello hubo que
esperar a la única nave que sobrevivió de la expedición de Magallanes llegara a
puerto en el año 1.522.
A pesar de que hacia el año 350
a. C. se tenía conocimiento de que la tierra era redonda, muchos han sido los
episodios religiosos y culturales que no atribuían esta propiedad a La Tierra y
también muchos otros libros de divulgación actual, que nos trasmiten, erróneamente,
que existía un miedo en el entorno de la navegación sobre el final de los océanos,
cuando en realidad eran los navegantes los que poseían pruebas en favor de la
esfericidad de La Tierra.