jueves, 30 de agosto de 2012

De la Tierra Plana a la Esfera Terrestre


¿Quién no se ha preguntado alguna vez por qué las antiguas civilizaciones pensaban que la tierra era plana?, más bien, lo que correspondería era preguntarse ¿y por qué se la iban a imaginar redonda?

A primera vista, y salvando las irregularidades del terreno como los valles y las montañas, el cielo siempre está encima nuestro y el suelo debajo. Bajo estas consideraciones no sería para nada lógico el  plantearse que la tierra fuera redonda. Es por ello que las primeras civilizaciones pensaron que esto era así. De hecho, para algunas como la china lo fue así hasta el s.XVI.

Los hindúes pensaban que la tierra era una porción de tierra rodeada de mar con un fin definido. Pero eran muchas las complicaciones que empezaron a surgir desde el momento que esto  fuera así.  Todos los objetos caían hacia el suelo, pero la tierra aparentemente no caía hacía abajo “porque si no se notaría”. Por lo que tuvieron que idear una solución y supusieron que las esquinas de la tierra estaban sujetas por unos pilares. A priori asunto zanjado, pero claro, el conjunto de tierra y pilares… ¿Quién lo sostiene? Pues nada más y nada menos que cuatro apuestos elefantes sagrados que se aguantaban en una tortuga gigante que surcaba los cielos… Asunto cerrado, por fin quedaba claro cómo era la tierra y por qué.



En los inicios de la civilización griega las ideas sobre que la tierra era plana y con un límite definido fueron la base para las preguntas e inquietudes de filósofos, astrónomos, y pensadores. Los griegos empezaron a buscar un modelo que se adecuara más a la realidad. En un principio se pensó que la tierra era más alargada hacia el este y oeste que hacia el norte y el sur, en parte debido a que las civilizaciones se disponían a lo largo del Mediterráneo y no de norte a sur. Posteriormente, se comenzó a suponer que la tierra era un disco plano, cuyo centro, obviamente, estaba ocupado por Grecia. La tierra firme estaría rodeada por agua y entraría hacia el interior de la tierra en forma del mar Mediterráneo. Es, hacia el año 500 a. C., cuando Hecateo de Mileto realizó una estimación de lo que debía medir este disco.  Lo estimó en 8.000 km de diámetro, lo que suponía una superficie aproximada de 50.000.000 km2 (una decima parte de lo que en realidad es).

Otro de los dilemas que se planteaban era cómo el mar no se desparramaba por los bordes finitos de esta Tierra plana. Para ello, supusieron, que, como en la realidad aparentemente parece, el cielo se curvaba hasta llegar al límite y se juntaba con el mar, evitando así que el agua desapareciera. Se creaba de esta forma un modelo en donde en una base circular se encontraba la tierra y el agua, y una cúpula a forma de tapa donde se encontraban las estrellas que iba cayendo hasta encontrarse con el cielo.



Pero los problemas seguían surgiendo. Se observaba que cuando te movías hacia el sur y hacia el norte, aparecían y estrellas por un lado y desaparecían por el otro. Esto llevo a  Anaximandro de Mileto poco más tarde del año 500 a. C. a intuir que existía cierta curvatura norte-sur en la tierra y supuso una tierra cilíndrica, en que el lado curvo se extendía de norte a sur y sin curvatura de este a oeste. Está claro que debido al movimiento relativo de las estrellas en el eje este-oeste, la curvatura en este no se podía apreciar mediante este tipo de observación.

Pero esta curvatura no bastaba para explicar otros fenómenos. Cuando los barcos salían del puerto no desaparecían en el horizonte cuando eran prácticamente un punto en el horizonte, sino que lo hacían mucho antes, desapareciendo la proa antes que las velas. Esto ocurría  cualquiera que fuera la dirección en la que se alejaba el barco. Además, los eclipses de luna siempre proyectaban una sombra circular de la tierra en la luna, por lo que había que empezar a suponer que la tierra era una esfera, único cuerpo cuya proyección siempre es una esfera cualquiera que sea su cara proyectada. La primera persona que lo sugirió fue el filósofo griego Filolao de Tarento en el año 450 a. C. aproximadamente.




Suponer que la tierra era una esfera eliminaba muchas incertidumbres acerca de la tierra. Una de los conceptos que más inquietaba a los griegos era el infinito… ¿realmente la tierra era infinita?, ¿hasta dónde abarcaban sus límites? y ¿por qué?... Bajo la hipótesis de que la tierra era una esfera, su superficie era finita, eso sí, ilimitada, pues podías caminar eternamente en una misma dirección sin llegar al final de la tierra. Otro de los conceptos que quedaba aclarado era el concepto de que todo caía para abajo, entendiendo entonces “abajo” el centro de la esfera. Esto podía, a su vez aclarar porque la tierra era esférica, ya que toda la tierra había caído hasta el punto más abajo posible formando una esfera.

Estas consideraciones o consecuencias las explicó el filósofo griego Aristóteles de Estagira hacia el año 350 a.C. Y a partir de esa época, se aceptó en el entorno científico que sin lugar a dudas esto era así y cualquier persona culta no dudaba que la tierra era una esfera. Fue una idea tan satisfactoria y eliminaba todas las paradojas que fue aceptada a expensas de pruebas físicas.

Para  ver la primera prueba física de ello hubo que esperar a la única nave que sobrevivió de la expedición de Magallanes llegara a puerto en el año 1.522.

A pesar de que hacia el año 350 a. C. se tenía conocimiento de que la tierra era redonda, muchos han sido los episodios religiosos y culturales que no atribuían esta propiedad a La Tierra y también muchos otros libros de divulgación actual, que nos trasmiten, erróneamente, que existía un miedo en el entorno de la navegación sobre el final de los océanos, cuando en realidad eran los navegantes los que poseían pruebas en favor de la esfericidad de La Tierra.

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